lunes, 17 de marzo de 2008

Para empezar, sin más preámbulos




Crónica de una peatona citadina........









“Parece que el universo entero se confabula para hacerme sentir como cucaracha urbana. Yo quería que hoy fuese diferente: me levanté positiva, me dije cosas bonitas, e incluso, me puse cómoda para ver si de esa manera, lograba ver la belleza del paisaje. Pero solo la belleza de lo inaudito se manifestó, dejando atrás por mucho, todas mis esperanzas. No hago más que sentarme en la parada, y ya un viejo verde me mira con cara de perro que sueña con longaniza.” pensé mientras trataba de no respirar el aire pestilente a mi alrededor.
Mi objetivo era llegar a mi universidad. Mi condición era de peatona. Mis recursos bastantes limitados. La acción a seguir un poco descabellada, pensando en las condiciones climáticas del día, los motetes que llevaba y las grandes probabilidades de que algo extraño me pasara en el camino.
Había reunido todas mis fuerzas y la poca voluntad que me quedaba. Conté las monedas para el “pisi-corre”, la tarjeta del tren, me ajuste las sandalias y caminar rapidito se ha dicho. La ruta es sencilla para el que viene de la 12 de Santa Juanita, la urbanización mas grande de Bayamón. Primero el “pisi-corre” desde lo último de la urbanización, luego caminar hasta el tren de Bayamón, por ultimo bajarme en la estación correspondiente y patitas hacia la Facultad. Ni tan complicado parece, pero el tramo completo es de una hora y media. Claro, eso es si no es temprano en la mañana, al medio día o en el “rush” de por la tarde. En esas ocasiones uno se tarda como dos horas y media. Sin embargo, a mi me sonreía la suerte. Eran las 10 de la mañana, mi clase a la una de la tarde y los cielos parcialmente nublados prometían no llover, sino protegerme del calor del rubio. Y así, sin encomendarme a nadie, me tire.
El bulto no pesaba tanto, ya que andaba distraída con esta nueva experiencia “peatonistica”. Me sentí de repente como una aventurera. Hoy en día casi todos mis amigos tiene carro, aunque sea “carcachita”, pero yo era la que rompía las reglas, las expectativas. Una joven guapa, atlética y embarazada caminando por las aceras de Bayamón. Crucé hacia la parada y ohh, la suerte me acompaña. No hago mas que pararme y ya una “pisi-corre” bajaba a mi dirección. Un viejito que vendía “hot dog” me da una mirada lasciva. Yo lo ignore. El “pisi –corre” no avanza, el viejo sigue. Lo miro con desprecio, sobándome la barriga a ver si se da cuenta que puedo ser su bisnieta embarazada. El descarado se relame. Resignación, triste resignación.
Desde lejos se escuchaba rechinar. Hacia tiempo que n me “trepaba” en una de estas. Conté setenta centavos a la vez que movía las manos de manera histérica para que el conductor me viera. Viene, se acercaba, ya llegaba, me pasó, se fue, no, no paró….en el medio de la calle. Sentí que todas las miradas de los conductores furiosos paraban sobre mí. Como si nada me trepo como cabrita en precipicio. “Son noventa centavos porque tiene aire y cinturones.” me dice el chofer. “Bueno”, pensé, “entonces es un precio justo”. Y si que tenía aire la guagüita. Pero los cinturones no daban para las cinco personas que iban por asiento. Me toco al lado de una señora, según su conversación “Amaba a Rosselló”. Mientras la distinguida dama hablaba, el conductor iba acelerando, comiéndose luces, parando de repente. Estaba mareada, con nauseas. El aire solo había esparcido la peste a mueble viejo, sudor y bolsas de Capri. Se monto una señora con uñas estilo Ivy Queen. Siguen las nauseas. Alguien habla mal de Aníbal. Me estaba dando un tremendo bajo de azúcar. Las viejas pelean a lo lucha libre…yo no podía mas. Sudando frio, me baje del martirio. “Siempre la gente dañando los paseos con su politiquería y su….” En ese instante, mi sandalia quedo atrapada en una laguna olorosa, llamada bache, y mi pie se vio envuelto en una mascarilla de barro “home made”.
Un deambulante se ofreció de ayuda, no sin antes pedirme tres dólares. Yo le dije la verdad, que solo andaba con lo necesario para llegar a mi destino, y que por eso solo contaba con la tarjeta del tren. Me miro incrédulo. “Missi, como quiera yo le ayudo, sin nada a cambio”. Y sin esperar mi respuesta, me arranco la bolsa de antojos y empezó a caminar hacia el tren. Yo tuve que arrancar también, y decirle con ternura que no era necesario. “Entonces, missi, deme tres pesitos.” “Hombre, que no tengo te digo, pero te puedo dar una cajita de Frosted Flakes.” Como “Abra Kadabra” el tipo desapareció, no sin antes maldecirme por mi “macetería” con él. Solo Dios sabe que estaba diciendo la verdad.
Mientras caminaba hacia el tren con mi pie embachado, la blusa sudada y el ánimo quebrantado veo una persona en silla de ruedas en el mismo medio de la calle. Me fijo en la acero por donde caminaba, y me dio cuenta que una silla de ruedas jamás podría pasar por ahí, con todos los hoyos y los carros en el medio de la acera, sin contar los postes de luz mal puestos. “Claro, como aquí las aceras son para los carros, pues que se va a hacer.” Al rato pasa un troglodita gritándole “Mira, paga la tablilla so k#@%&”. El pobre hombre se trago el insulto y siguió su trayecto, mientras yo me aguantaba las ganas de tirarle con unas piedras al carro “pimpeao” del energúmeno.
No fue sino hasta que llegue al tren cuando vi un poco de luz. Ya una AMA me había bañado en perfume de motor, el barro en mi pie estaba seco, me habían gritado improperios, había visto injusticias, y todo mezclados con las nauseas características de mi condición. Ya había llegado al “level 2”. Saque mi tarjeta de estudiante, pufff, pase por la barra, espere cinco minutos y me monte.
“Todo bien hasta ahora”, pensé. La gente no se miraba. “Deben de tener hambre, ya casi son las doce”. Mientras mas se llenaba, notaba como nadie se tocaba. Todos trataban de no sentarse junto a nadie desconocido, de tocar un hombro de pararse de frente. “Igualito que en las Ama, que tan pronto uno se trepa, te dan un chino mortal.”Sin embargo, era preocupante el hecho de que nadie se hablaba, al contrario de las “pisi-corre” y las AMA. Nadie se miraba, ni sonreía, ni decía buenas tardes. “No puede llegar a conclusiones, puede ser el hambre.” Y llegue a mi estación.
A pesar de todo, llegue al salón. Vi a mis compañeros, al profesor. Pensé por un momento si a ellos les hubiera gustado la experiencia tanto como a mí. Se que una cosa es hacerlo una vez y otra hacerlo todos los días, sin embargo, me sentí tan llena de vida, como si fuera parte de una crónica que narrara como es la experiencia de un peatona. Algunos dirían que apesta en todos los sentidos ser un “dogde patitas”, que e olor a viejo, a “moffle” a sobaco y a sudor no es algo practico. Yo digo que, si me apesta, que no me huelan, y si no les gusta, que no me vean. Y aunque la realidad “peatonistíca” no es nada fácil, prefiero tener mil cuentos para contar, que mil chistes malos de alguna emisora en particular.

4 comentarios:

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Hola Sandunga:
Vi que entraste a mi blog y que me has puesto entre tus favoritos. Gracias mil. Acabo de leer tu crónica y me encanta. Espero continúes. Somos pocas las mujeres en la blogosfera boricua. Yo empecé hace relativamente poco tiempo pero te doy la bienvenida..

Unknown dijo...

Tania, es la mejor descripcion de viajar sin carro propio. Tu sabes que yo estoy en las mismas ambos andamos en dodge patitas y es verdad al final del dia sientes orgullo de la aventura que tuviste al tratar de llegar a tu destino. :)

Unknown dijo...

Tania tas brutal!!!! la cronica te quedo super buena y sin decir q no se como le puedes ver el lado positivo a las cosas, pero tu siempre eres así. Por eso te quiero un montón, eres mi ídola. tu perfect roommie!!!!!!! 501B

C dijo...

En cualquier lugar del mundo, coger la guagua o el tren es casi siempre es divertido.

Esa foto de la barriga apunto de es preciosa.

Saludos desde el otro lao'